Los mosaicos de Patavium: tapices de piedra bajo los pies


Este gran pavimento en opus tessellatum fue descubierto en 1932 bajo el Palazzo degli Anziani, en pleno centro histórico de Padua. Realizado en el siglo II d. C., decoraba una estancia termal dotada de calefacción, testimonio de la monumentalidad y el refinamiento alcanzados por la antigua Patavium.

La composición combina una amplia cenefa de roleos de acanto con diferentes franjas geométricas de rombos, triángulos y líneas entrelazadas. En el panel central aparecen motivos como cántaros acompañados de flores y frutos, nudos de Salomón y pequeñas peltae, escudos estilizados con forma de media luna. Aunque buena parte de la zona central se ha perdido, la riqueza del diseño conservado permite imaginar el efecto que produciría el pavimento completo en una sala recorrida por el calor de las termas.

Mucho más extenso y mejor conservado aparece este pavimento descubierto en 1928 en via Santa Lucia. Perteneció probablemente a una gran estancia de representación de una vivienda romana y permite imaginar el refinamiento de algunas casas de la antigua Patavium.

Su compleja retícula combina rectángulos y triángulos hasta producir el efecto de grandes dodecágonos entrelazados. En los espacios interiores aparecen flores, hojas de higuera, pámpanos y ramas con bellotas, mientras que la ancha cenefa exterior incorpora trenzados, motivos vegetales, peltae e incluso delfines acompañados por tridentes. La repetición geométrica no resulta monótona: al recorrerla con la mirada van surgiendo pequeños detalles que convierten el suelo en un auténtico tapiz de piedra.

El último de los grandes pavimentos expuestos en la sala fue descubierto en 1955 en via Cesare Battisti y debió de pertenecer a una residencia particularmente refinada. Frente al predominio geométrico de los mosaicos anteriores, este introduce una decoración figurativa y una policromía mucho más viva. Flores y rosetas ocupan los distintos compartimentos, mientras que en el recuadro central aparece un pequeño árbol sobre el que se posan dos pájaros. Todo el conjunto queda rodeado por una llamativa cenefa de torres o almenas, como si una muralla protegiera aquel delicado jardín de piedra.

Estos pavimentos permiten asomarnos a una faceta más íntima de la antigua Patavium. Bajo los pasos de quienes habitaron sus casas y frecuentaron sus espacios termales se extendían auténticos tapices de piedra, concebidos para ordenar y embellecer las estancias. Sus diseños geométricos, vegetales y figurativos son también una muestra del refinamiento alcanzado por la ciudad romana, cuyos restos siguen apareciendo bajo las calles de la Padua actual.

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