El Hombre de la Sábana Santa (I): la Síndone de Turín en Córdoba

Tras la presentación general de la exposición, nos adentramos en el que probablemente sea su espacio más impactante. Bajo los característicos arcos bicolores de la Mezquita-Catedral de Córdoba, la reproducción de la Sábana Santa de Turín preside la sala junto a una reconstrucción tridimensional del hombre representado en el lienzo.

La combinación entre uno de los monumentos más emblemáticos de al-Ándalus y una de las reliquias más estudiadas y debatidas de la historia crea una imagen difícil de olvidar. Más allá de las cuestiones de fe, la muestra invita al visitante a recorrer décadas de investigaciones históricas, médicas y forenses desarrolladas en torno a la llamada Síndone de Turín.

Antes de detenernos en los detalles de la tela y en los estudios realizados sobre ella, merece la pena contemplar el conjunto expositivo tal y como se presenta al visitante: un diálogo entre historia, arqueología, ciencia y tradición que constituye el eje central de toda la exposición.

Uno de los primeros paneles de la exposición está dedicado a un episodio que marcó un antes y un después en la historia de la Síndone. En 1898, con motivo de una ostensión pública celebrada en Turín, el abogado y fotógrafo aficionado Segundo Pia obtuvo la primera fotografía de la Sábana Santa. Al revelar la placa fotográfica descubrió algo inesperado: el negativo mostraba una imagen mucho más nítida y detallada que la observada directamente sobre la tela.

Aquel hallazgo causó una enorme impresión y convirtió a la Síndone en objeto de estudio para especialistas de disciplinas muy diversas. Desde entonces, historiadores, médicos, fotógrafos, químicos y expertos forenses han intentado comprender el origen de esta singular imagen. Más allá de las conclusiones que cada uno pueda extraer, el descubrimiento de Segundo Pia abrió una nueva etapa en la que la observación y la investigación científica pasaron a ocupar un lugar destacado junto al interés histórico y religioso que la reliquia había despertado durante siglos.

La pieza central de esta sección es una reproducción facsímil de la Síndone o Sábana Santa de Turín, el lienzo que desde hace siglos se conserva en la catedral de la ciudad italiana y que ha despertado el interés de historiadores, investigadores y millones de visitantes de todo el mundo.

La tela muestra la imagen frontal y dorsal de un hombre impresa de forma tenue sobre el tejido. Entre los elementos más visibles destacan las marcas dejadas por el incendio que afectó a la reliquia en el siglo XVI, junto con diversas manchas, pliegues y señales acumuladas a lo largo de su compleja historia. La reproducción expuesta permite apreciar con comodidad muchos de estos detalles y constituye uno de los puntos más destacados del recorrido.

Al acercarse a la reproducción, la imagen comienza a revelar detalles que pasan desapercibidos en una visión de conjunto. Entre todos ellos destaca el rostro, quizá el elemento más reconocible y evocador de la Síndone. A pesar de la tenue intensidad de la impresión sobre el tejido, pueden distinguirse los rasgos generales de una figura humana: el cabello cayendo sobre los hombros, la barba, la nariz y la expresión serena del semblante.

Contemplar este rostro a pocos centímetros resulta una experiencia difícil de describir. Más allá de las interpretaciones históricas o religiosas, la imagen posee una fuerza visual sorprendente. Tal vez sea esa mezcla de sencillez y misterio la que ha llevado a generaciones de investigadores, fotógrafos y visitantes a detenerse ante la tela intentando descubrir nuevos detalles en una figura que parece surgir lentamente del propio lino.

Otro de los detalles que atrae la atención del visitante son las manos, cruzadas sobre la parte inferior del cuerpo. A diferencia de otras representaciones artísticas, los pulgares no resultan visibles y los dedos aparecen claramente definidos sobre el tejido. Se trata de uno de los rasgos más conocidos de la imagen y uno de los puntos en los que suelen detenerse quienes observan la reproducción con mayor atención.

Junto a la reproducción de la Síndone encontramos una de las piezas más llamativas de toda la exposición: el denominado Hombre de la Sábana Santa, una reconstrucción realizada por el escultor e investigador Juan Manuel Miñarro a partir de los estudios antropológicos y forenses desarrollados sobre la imagen del lienzo.

La escultura, procedente del Museo de la Pasión de Cabra, intenta trasladar al volumen tridimensional los rasgos y lesiones que diversos investigadores han identificado en la Síndone. El resultado es una figura de gran fuerza expresiva que permite al visitante contemplar de una forma mucho más cercana aquello que en la tela aparece únicamente como una imagen tenue y difusa.

La reconstrucción constituye un interesante ejercicio de antropología forense aplicada al arte. Frente al carácter casi etéreo de la imagen impresa sobre el lino, el yacente devuelve al espectador la dimensión humana de la figura representada, convirtiéndose en uno de los elementos más impactantes de todo el recorrido.

Entre las representaciones expuestas encontramos también una reproducción de la llamada Santa Faz pintada por Céline Martin en 1904. La obra ocupa un lugar singular dentro de la historia de la Síndone, ya que constituye uno de los primeros intentos de trasladar al lenguaje artístico el rostro que había aparecido en el célebre negativo fotográfico obtenido por Secondo Pia en 1898.

Céline Martin, hermana de Santa Teresa de Lisieux y aficionada a la pintura, quedó profundamente impresionada por aquella fotografía. Su interpretación del rostro alcanzó una notable difusión durante las primeras décadas del siglo XX y contribuyó a popularizar una imagen que, para muchas personas, se convirtió en una de las representaciones más reconocibles del llamado Hombre de la Síndone.

Con independencia de las conclusiones que cada visitante pueda extraer acerca del origen de la Síndone, resulta difícil permanecer indiferente ante ella. La tenue imagen impresa sobre el lino, los estudios que ha suscitado durante más de un siglo y las reconstrucciones realizadas a partir de ella convierten esta sección en uno de los espacios más sugerentes de toda la exposición.

 

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