Entre las residencias más espectaculares excavadas hasta hoy se encuentra la llamada Casa de los Ciervos, una gran domus construida probablemente durante el siglo I d.C. y reformada en época imperial. Situada en una de las zonas más privilegiadas de la ciudad, cerca del antiguo frente marítimo, la vivienda combinaba el modelo tradicional de casa romana con elementos propios de las villas de recreo abiertas al paisaje y al mar.
Su nombre procede de las célebres esculturas halladas en el jardín: varios grupos escultóricos de mármol donde unos perros atacan a un ciervo. Sin embargo, más allá de esas piezas, la casa impresiona por la amplitud de sus espacios, los pavimentos de mármol, los grandes triclinia destinados a los banquetes y, sobre todo, por la forma en que la arquitectura parece orientarse constantemente hacia la luz exterior y las terrazas abiertas sobre el antiguo litoral.
A diferencia de otras domus más cerradas y centradas en el atrio, aquí el recorrido conduce poco a poco hacia jardines, pérgolas y corredores desde los que sus propietarios contemplaban el mar. Incluso hoy, entre muros erosionados, frescos incompletos y pavimentos desgastados por casi dos mil años de historia, la Casa de los Ciervos sigue transmitiendo la sensación de haber sido concebida como un espacio de lujo, descanso y contemplación frente al Mediterráneo.
El recorrido por la vivienda comenzaba en torno al área 24, una gran estancia de transición que todavía hoy conserva parte de la sensación espacial que debió impresionar a sus visitantes en época romana. A diferencia de muchas domus pompeyanas más abiertas al cielo mediante el compluvium tradicional, aquí el espacio aparece cubierto por una gran estructura de madera reconstruida que ayuda a comprender mejor los volúmenes originales de la casa.
Lo más llamativo es quizá la galería superior que recorre uno de los laterales, sostenida sobre gruesas vigas de madera. Aquellos corredores elevados comunicaban distintas dependencias privadas y aportaban profundidad vertical a la arquitectura interior. Incluso en su estado actual, entre paredes erosionadas y restos apenas visibles de decoración pictórica, la estancia transmite todavía una cierta sensación mágica.
También aquí comienza a apreciarse una de las características más interesantes de la casa: la combinación entre amplios espacios representativos y una arquitectura pensada para crear perspectivas, cambios de luz y recorridos internos mucho más complejos que en otras viviendas romanas de Herculano.











No hay comentarios:
Publicar un comentario